Entre las 10 y las 11 horas antes
del mediodía, los muy altos y muy poderosos príncipes don Fernando y doña
Isabel, nuestros señores, entraron a esta muy noble y leal ciudad de Murcia, y
fueron recibidos con gran solemnidad y veneración por todos los vecinos y
moradores del lugar.
Desde el amanecer había gran
bullicio en la ciudad. Los vecinos salieron vestidos con sus mejores trajes,
las calles estaban llenas de flores y la hermosa vega del Segura esperaba la
entrada triunfal de sus altezas como si de un bello tapiz se tratase.
A una señal del vigía, el
Adelantado don Juan Chacón, partió con los hombres mejor armados de la ciudad para
recibir a sus altezas. Se unió a la comitiva real en los llanos de Churra y llegaron
por el camino que bordea los castillos de Alharache y Monteagudo hasta la
Puerta de Molina. Cruzaron el arrabal por San Andrés y la Aduana de los moros hasta a
llegar a la Puerta
del Zoco.
Antes de entrar, el noble
caballero mosén Juan Cabrero, corregidor, y los regidores y jurados de la
ciudad besaron las manos a sus altezas. El regidor Álvaro de Santiesteban habló
en nombre de la ciudad, y dijo cuánto gozo y alegría recibían todos los vecinos
y moradores porque tan altos y esclarecidos príncipes vinieran y entraran a
esta ciudad. Y para que el dicho gozo y alegría más se acrecentase, les suplicó
que jurasen los privilegios y franquezas de la ciudad.
MÁS INFORMACIÓN
Los Reyes, como es preceptivo, hubieron de jurar el respetar los fueros y privilegios de la ciudad antes de entrar en ella, y lo hicieron sobre el Misal que trajo al efecto el canónigo Montealegre.
El canónigo Montealegre trajo un
Misal, sobre el cual los Reyes juraron los privilegios. Solo entonces atravesaron
la puerta del Zoco y recorrieron la calle San Nicolás hasta la Plaza Santa
Catalina, y de allí por la Plaza
de San Bartolomé y la calle de la
Trapería , llegaron a la Iglesia de Santa María la Mayor , en el alcázar viejo,
ante la cual su altezas se apearon de sus cabalgaduras y fueron a orar ante la
capilla de san Juan de la Claustra. Después se retiraron a los aposentos
preparados para ellos.
Este mismo día, a las 4 de la tarde, entró en la ciudad el muy alto y esclarecido príncipe don Juan por los lugares donde sus altezas entraron, y se le dio el mismo recibimiento.
Todo el día hay fiestas de juglares y otros regocijos en manifestación del contento popular por la presencia de los amados soberanos. Mañana comenzarán los preparativos para la guerra.



Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar