SEGUNDA CRÓNICA (19 de abril de 1488)
Muy honrados señores,
Murcia se halla en medio de una
huerta, rodeada por un río que la abraza como la pulsera a una muñeca. Las
casas se recogen dentro de una imponente muralla que tiene muchos torreones a
ciertos espacios y coronados de almenas. Esta muralla la protege de los
moros, enemigos de nuestra santa fe católica, tanto como de las avenidas del
río que llaman Segura, que a las veces inunda las huertas y destruye los
cultivos.
He sabido que esta ciudad es la más
poblada en varias leguas a la redonda; se precia de ser la cabeza del Reino de
Murcia, la sede del Obispado de Cartagena y una de las ciudades con voto en
Cortes. Todo gracias a las feraces huertas que riega el Segura. Pero al
alejarse del río la tierra es muy árida.
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Luego de nuestra llegada, hablamos
con los regidores del concejo sobre el aposento de sus altezas y de todos los
que vienen, más de ciento, con su corte y rastro. Se ha acordado que sus
altezas ocupen las Casas del Concejo, que se están aderezando para la ocasión;
la residencia del Obispo será para el Consejo Real; los Grandes se hospedarán
en las casas del Adelantado y el resto del séquito en las casas de regidores,
escribanos y en alguna posada. Yo he sido recibido en casa del escribano mayor,
Alonso Palazol, y así estaré mejor informado de lo que ocurre en la ciudad.
Los vecinos están muy agitados con
las nuevas de los Reyes. Por estas tierras no ha pasado ningún rey desde los
tiempos de don Alfonso el Sabio, ha más de 200 años, y la ciudad quiere
agasajar muy bien a sus altezas. Han sabido cómo se ha hecho en otras ciudades
y no quieren quedar en peor lugar, de manera que han echado una derrama para
recaudar ochenta mil maravedís y costear los preparativos de la visita. Ya no hay
puercos ni otras bestias por las calles; se han allanado los suelos y se ponen
plantas de olor (laurel y arrayán) para limpiar el aire. Paños de colores
adornan las ventanas y balcones de edificios principales y toda la ciudad
reluce al sol de primavera.
Los murcianos que irán a la guerra
con el rey han de salir a recibir la comitiva real ataviados con su equipo
militar. Los demás, hombres y mujeres, han de vestir sus mejores trajes, y
hasta los niños participarán en el recibimiento con sus camisas blancas y las
armas de jugar.
Todo está dispuesto para que mis
señores, Dios queriéndolo, entren en Murcia el próximo sábado, 26 de abril del
año del señor de 1488.



