SEXTA CRÓNICA (17 de mayo de 1488)
Honrados Señores,
Ocho años hace ya,
que nuestros amados reyes doña Isabel y don Fernando, con la intención de
gobernar sus reinos de una manera más eficaz y justa, decidieron en las Cortes,
realizadas en la ciudad de Toledo, en el año de gracia del Señor de 1480, reorganizar
su Consejo Real. Ahora son juristas formados en derecho y no los nobles los que
se ocupan del gobierno, las leyes y la justicia. Son los hombres más poderosos
del reino.
Sus Altezas, a pesar
de la campaña contra el infiel para implantar la Cristiandad en toda la Península, han querido
que esto no sea motivo para el descuido del buen gobierno del resto de sus
reinos, por ello, su Consejo, con sus integrantes, con ellos aquí se encuentra
instalado, en la ciudad de Murcia, al igual que con ellos va donde se dirigen,
es más, se ha ordenado su instalación en la residencia del Obispo, que se
encuentra al lado de las Casas del Concejo, donde nuestros reyes están
aposentados, y la construcción de un pasadizo uniendo las dos residencias, con
el fin de que la comunicación sea constante y se realice un trabajo diario,
para que ningún asunto de los reinos quede sin resolver.
Se están produciendo
algunas fricciones entre el Consejo y las autoridades murcianas, debido a que
se han pedido más hombres para la campaña que los que hay disponibles, han
cargado más impuestos de los que la ciudad puede sorportar y el Consejo
pretende intervenir en cuestiones de justicia municipal, que corresponde al
Ayuntamiento. Esperemos que con la ayuda de Dios Todopoderoso, estos problemas
se solucionen y todos centremos nuestros pensamientos y esfuerzos en nuestra
principal misión, la que a esta hermosa ciudad nos ha traído: la lucha contra
el moro.
Con el fin de
solucionar los conflictos surgidos, el Ayuntamiento de la ciudad ha preparado
una comitiva que se ha reunido en la iglesia de san Bartolomé, para negociar
estos asuntos y captar la benevolencia del Consejo, ofreciéndole regalos.